YO CONOCÍ


Amparo y Federico

El año 1936 mi madre se enteró que una señora buscaba niñera para una niña que se llamaba Mercedes, tenía 11 meses, entonces yo tenía 14 años y mucha ilusión por ganar dinero y enseguida dije que sí.

Tenía dos hermanas, Amparito era la mayor, no se quejaba de que hubieran matado a su padre en la guerra, tenía once años, si me comentaba algo era para decirme: vamos a rezar el rosario para que a mi madre le quede la paga de mi padre.

Cuando trajeron muerto a su padre lo dejaron en casa, Amparito no se apartaba de su lado y rezaba delante de él y si se apartaba es porque las personas que estaban allí le decían ¡Ay nena vete con tus hermanitos!

Su padre había estado en Valencia hacía pocos días para el nacimiento de su hijo Alberto. Pasados pocos días lo mataron en la toma de Teruel, buscando albergue a unos soldados para que no se quedaran allí toda la noche,- ya se ve que era una bellísima persona-, hubo un bombardeo fuerte y él murió.

En la casa de la familia estaba Dª Amparo su mujer y el padre de esta; al conocerse la noticia del fallecimiento empezó a venir gente y las niñas estaban afectadísimas y Amparito al lado de su madre, decía ¡Ay mi papa!

Amparito siendo tan niña sufrió mucho, primero con su padre en la cárcel y luego con su muerte. Pero acepto con fe la muerte de su padre, aunque era muy pequeñita: pensaba mucho en su padre, lloraba, pero se conformaba yo le decía: paciencia yo tampoco tengo padre, lo ha querido Dios: Pero si veía a su madre llorar, no lloraba para que no sufriera. Entonces no se podía practicar la religión, pero en su casa si, decía: rezaremos por él, no pidamos nada más que esté en el Cielo: eso si con mucha resignación, todo para que su madre estuviera animosa, y no lloraba nunca delante de su madre para que no la viera.

Yo jugaba con ella, me enseñaba muchas cosas: el catecismo, a leer. Le gustaba
hacer teatro, unas obras que habían visto, otras que se las inventaba, lo hacía para distraernos a nosotras.

Venía una profesora, doña Enriqueta, a darles clase en casa mientras duró la guerra, a Amparito le gustaba dibujar y leer.

Íbamos las dos a las colas de racionamiento y yo la ponía en una cola para guardar la vez.

A su abuelo le gustaba jugar al tresillo y Amparito se dio cuenta de que a su madre no le gustaba ese juego y siendo tan pequeña aprendió ella a jugar y le dijo a su madre: mamá ya jugaré yo: lo hacía para quitarle a su madre esa carga, pero a ella tampoco le gustaba jugar al tresillo, le costaba.

A mí me trataba como a una amiga nunca con altivez. Era buenísima, tenía gran bondad, paciencia y cariño. La amistad continuó siempre, fui a su boda. Vino algunas veces a verme a Albal con su marido, me hacía mucha ilusión. Me escribía siempre por Navidad y tengo alguna carta de ella. Conservo un mantelito que me hizo, bordado por ella.


Mª Victoria Carola García Bermejo
Albal, 28 Mayo 1999


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