APERTURA DEL PROCESO DE CANONIZACIÓN


El 17 de Diciembre de 2001, tuvo lugar en la parroquia del Sagrado Corazón de Madrid, la solemne apertura del proceso de canonización de Amparo Portilla Crespo, presidida por el Cardenal-Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, que pronunció unas palabras de las que citamos a continuación parte de las mismas.

Al acto asistieron más de 400 personas que llenaron dicho templo. Familiares, vecinos y amigos procedentes de toda España (principalmente de Madrid, Valencia y Sevilla), así como muchos otros que no conocieron a Amparo en vida, pero que acudieron al acto movidos por la creciente fama de santidad que Amparo ya posee, así como en agradecimiento a los numerosos favores que se atribuyen a su intercesión.

PALABRAS DEL CARDENAL-ARZOBISPO DE MADRID
Si hay algún oficio, dentro de la compleja variedad de responsabilidades de un Obispo, que le llene de satisfacción, es el poder iniciar causas o averiguaciones en relación con la santidad de los que fueron hijos de la Iglesia, en este caso de la Iglesia particular de Madid, de la Iglesia sin más, de la Iglesia Diocesana pues es el lugar donde la Iglesia universal -lo dice el Concilio del Vaticano II- existe y opera también para que se beatifique a alguien.

Para mi, y para todos los presentes, Amparo es un ejemplo, un modelo, para todos es una hija de la Iglesia, un miembro de la Iglesia, una hermana. Para los familiares es una esposa, es una madre, es una hermana, es una abuela.

En la Causa de Canonización que se introduce con este acto de apertura de la misma llama la atención dos hechos:

- La Iglesia, hasta hace relativamente poco tiempo, reconoció como santos, preferentemente a los consagrados, a los que siguieron la vida de los consejos evangélicos o que sufrieron persecuciones.

- La necesidad de valorar, apreciar y reconocer la vocación del seglar en la Iglesia ha ido creciendo década a década, siglo a siglo y por ello la necesidad de conocer la importancia que tiene la vocación del matrimonio y de la familia para la edificación de la Iglesia.

El Santo Padre nos ha insistido mucho en estos últimos años en que busquemos un mayor número de personas casadas, que dirijamos nuestra mirada a la Iglesia y descubramos la vocación a la santidad de los cristianos que viven su vocación cristiana como seglares y como esposos, padres y madres de familia y veamos en ellos la santidad, cómo la han vivido y la fidelidad que han significado sus vidas para el bien de la sociedad, para el bien de la Iglesia y para el pueblo de Dios.

Un santo es el que se ha dedicado a Jesús, es alguien en quien se puede ver la figura del Señor y la vida del Señor. Eso puede decirse de la vida de Amparo. El camino que hemos emprendido hoy lo ponemos en manos de la Virgen.


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