SU SONRISA


Una de las características de Amparo fue su sonrisa, en casi la totalidad de las cartas y testimonios recibidos después de su fallecimiento se habla de su sonrisa, como un recuerdo que amigas, compañeras, familiares y conocidos guardan de ella.

Comentan en sus escritos:

- Era muy normal, hablando, riendo y metiendo baza en todo.

- Discutía con gracejo las cuestiones teológicas.

- Siempre me ha parecido tener una gran capacidad de sacrificio realizado con alegría.

- Un rasgo de su carácter era la alegría, se reía con frecuencia y le gustaban las historias divertidas.

- Siempre tenía la sonrisa en los labios. Por más problemas que tuviera, no perdía el buen humor, con su cara alegre, su sonrisa

- Cuando me habló del cáncer de su marido, no me dijo: "estoy preocupada", sino "reza por él", siempre su sonrisa. Todo con esa alegría, con esa sonrisa.

Cincuenta años después una compañera de colegio, recuerda como, ante una situación muy tensa, le desarmó con una sonrisa, sin necesitar pronunciar una palabra.

También lloraba, cuando veía sufrir a otros y aun más si observaba que se desviaban del camino recto, pero sus lágrimas duraban poco.

Sonreía ante las privaciones, la enfermedad o cuando aceptaba con alegría los muchos hijos que Dios confiaba a su cuidado.

Alegría nacida de la aceptación amorosa de la voluntad divina, en su vida, en la de las personas que la rodeaban y en los acontecimientos mundiales. Con los años esta alegría se fue haciendo más honda.

La sonrisa que es una manifestación externa de la alegría interior, nacida de la aceptación confiada de la voluntad de Dios, no excluye el dolor, en algunas circunstancias sino la tristeza exagerada.

Su sonrisa era acogedora, comprensiva con todos, era esa bondad que sale del fondo del corazón como un bálsamo de dulzura y paz, una sonrisa franca, benéfica.

Esa alegría la demostraba ya en sus primeras cartas y en los primeros tiempos de casada, bromeando de los incidentes que la inexperiencia de ambos causaban.

Y un mes antes de fallecer cuando al cambiarle de cama, en brazos de sus hijas, tropezaron y cayó sobre ellas, su reacción fue llena de humor y gracia ante tan absurda situación.

Muchas personas recuerdan que Amparo les comunicó que padecía cáncer con toda naturalidad y una sonrisa en los labios, con gracia y hasta chistosa.

Era su aceptación dolorosa, pero confiada de lo que el Padre le pedía en aquel momento.

El monje Agustín Altisent dice que despertar tras morir es "bailar todos los valses". Amparo habrá bailado bien el suyo.

Uno de sus hijos, horas después de su tránsito a la otra vida, le escribió unas frases de cariño: "qué guapa estabas luego. ¡Tan tranquila, durmiendo plácidamente, SONRIENDO!.......


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