YO CONOCÍ A AMPARO


Sí, tuve la suerte de conocerla y digo suerte, porque no he conocido a otra persona tan buena, tan cariñosa, tan amena y con tantas ganas de agradar y de ayudar a todo el mundo que lo necesitase.

Cuando la conocí, yo era novia de un primo de su marido. Ellos eran un poco mayores que nosotros, pero nos sentíamos tan bien estando juntos, que íbamos muchos domingos a pasar la tarde con ellos, que ya tenían al primero de los once hijos que tuvieron. Jugábamos a las cartas, charlábamos y los pasábamos muy bien.

Después nos hemos seguido viendo muchas veces en casa de mis suegros, en su casa, etc... A mí, lo que más me sorprende de Amparo era que siempre era la misma, nunca la veías de mal humor, ni poner una mala cara; jamás hablaba mal de nadie, disculpaba a todos y siempre encontraba y destacaba la parte buena de las personas.

JOSÉ SAGÜES



A este testimonio de Jóse, mi mujer, sobre el carácter y virtudes de Amparo, quiero añadir algunas anécdotas vividas con este ejemplar matrimonio Amparo-Fede (así le llamábamos familiarmente) durante tantos años.

Yo era primo de él, pero más que este parentesco, puedo decir que era mi mejor amigo y confidente.

En la primavera de 1949, él ya trabajaba en Madrid, me dijo un día: "¿Por qué no vamos el próximo fin de semana a Valencia y así conoces mejor la ciudad y te presento a mi novia? y ¡llévate la cámara de cine!". El buen lector comprenderá cuál era el motivo y deseo de Federico... Así lo hicimos y crei que fui el primer miembro de la familia que conoció a la futura Sra. de Romero.

Con la cámara hicimos varias escenas en la Plaza de San Jaime. Fede, que era el "guionista" esperaba a Amparo, que llegaba tarde en tranvía a la cita. Naturalmente él le regañaba seriamente y ella por ello también tenía que poner cara seria. No hubo manera, su carácter y bondad no permitían enfadarse, ni en película...

Antes de regresar a Madrid, le pregunté a Amparo qué regalo podría llevarle a mi novia; su contestación fue rápida: una medalla de la Virgen de los Desamparados.

Pocos meses más tarde se hizo la petición de mano, ante la próxima boda. Fede no pudo desplazarse por cuestiones de trabajo. La realizaron mis padres (ella era madrina de Federico) a Doña Amparo Crespo, madre de la novia, en un balneario en Benasal (Castellón), donde coincidieron en varios veranos. Pero el mismo día y a la misma hora, lo celebrábamos nosotros con varios familiares y amigos en el despacho de trabajo de Fede en Madrid, acompañados lógicamente por una botellita de cava..

Transcurrieron los años, y después de nuestros enlaces matrimoniales fueron muy frecuentes nuestros encuentros. En una ocasión hubo una pequeña reunión en casa de mi hermano. Yo, reconozco que soy perezoso y poco acertado en la forma de vestirme: llevaba unos zapatos horrorosos de piel vuelta, más apropiados para el campo o la caza. Mi mujer los "descubrió" ya en casa de mi hermano y me echó una buena regañina. Amparo, que lo vio le dijo riendo: "Pero Jóse, déjale, no ves que él va cómodo y además son muy bonitos..." es decir, que una vez más, se vio la simpatía y bondad de Amparo: a nadie le veía defectos.

Así la conocimos, la quisimos y la seguimos queriendo.

FEDERICO DIETL
09/2006

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