SU TRATO CON DIOS


Amparo era una persona que poseía una gran vida interior, tratando constantemente de mejorar, de luchar por conocer y amar más a Dios. Su trato con Él era sencillo, directo, y con unos propósitos relacionados directamente con su vida. Sabía que tenía que encontrarse con el Señor en sus relaciones familiares, en su entorno. Cuando podía buscaba momentos de tranquilidad, días de retiro espiritual, para hacer examen de su trato con Dios y dar un paso más hacia su encuentro con Él.
Recogemos en este número de Recuerdos y Noticias algunas palabras y pensamientos de Amparo que nos servirán para conocerla mejor y, sin duda, nos ayudarán en nuestro camino hacia Dios.

De unos días de retiro son las siguientes palabras:
"¡Qué bien se entiende aquí la vida sobrenatural! Me recuerda esto cuando en el Tabor le dijeron al Señor: "¡Qué bien estamos aquí! Hagamos tres tiendas ..." Y luego Pedro le negó. Pido y espero que tras este Tabor que el Señor me regala le sea fiel siempre, y tome una firme determinación de no retroceder, de avanzar ya cada día tras Él".

O estas otras:
"La casa está construida en piedra gris, sólida, bien y sobriamente decorada. Todo limpísimo. Orden, silencio. El servicio en el comedor como ya no lo hay. Las habitaciones pequeñas y funcionales. El Oratorio precioso. Y en este ambiente, tres días completos procurando, con un programa de oración, meditaciones y prácticas de piedad, oír al Señor que siempre nos está llamando, y que con el ruido de nuestro modo de vida no queremos escuchar".

Su oración la llevaba a conocer mejor a Dios, a quererle más:
"Dios me quiere mucho, lo sé... Cualquier cosa que me mandase la aceptaría con alegría, porque sé que sería para la salvación de mi alma y la de mis hijos".

"A Dios no hay que sondearle, a Dios no se le entiende, hay que abandonarse en sus brazos y amarle".

Y, enseguida, ese Amor a Dios la llevaba a querer a los demás, a preocuparse por ellos, a descubrir lo positivo en todos, en definitiva, a luchar más en su vida:

"El Señor me sale al encuentro en la situación en que me encuentre. Amando a mi marido es el mejor modo de amarle a Él, afrontando las obligaciones y contando con la gracia sacramental. Cuento con la gracia, pero no soy consciente...".

"¡Qué fácil es aburguesarse, cerrar los ojos a los problemas de los otros! Me da miedo verme cada día buscando siempre mayor comodidad, espiritual y material".

"He de querer a todos con sus defectos. Tengo que fijarme en las virtudes de mi marido e hijos para hacerles justicia, y en todas las cosas positivas, dar consejos con cuentagotas y oportunamente. Debo repasar mi actuación profesional en mi hogar, tener una presentación física agradable, formarme permanentemente en cocina, orden y limpieza".


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