AMAR LA VOLUNTAD DE DIOS


El miércoles 2 de febrero de 1994, por la tarde, le realizaron a Amparo unas radiografías y un TAC de tórax. Se le diagnosticó un cáncer de pulmón.

Al día siguiente, estaba Amparo sentada en el cuarto de estar de su casa haciendo punto acompañada de su hija Nuria, Su marido quería hablar con ella a solas, y le pidió con discreción a su hija que saliera. Le explicó claramente el diagnóstico y después de estar hablando un rato, Amparo siguió haciendo punto tranquila, serena e incluso tarareando una canción " La vie en rose".

Su marido iba a ir a Misa de siete, pero esos días Amparo ya se encontraba mal y no salía de casa, ella le dijo que también quería ir a Misa a lo que su marido- repuso, no vayas que no estás bien, ya es de noche y hace frío, pero ella contestó, "¿Cómo no voy a ir, después de lo que me acabo de enterar? He de ir a decirle a Dios que lo que Él quiera, como Él quiera, cuando Él quiera".

Por la noche al acostarse, le preguntó su marido si quería una pastilla para dormir, ella le dijo: "No, ¿para qué?". Al poco rato dormía tranquila, de un tirón toda la noche.

Al día siguiente hablando por teléfono con una hija que vivía en otra ciudad, le dijo: "Mira, haremos todo lo que se pueda para curarme, pero si no, acepto la voluntad de Dios".

Al cabo de unos días hablando con otro hijo comentó: "No te preocupes, estoy muy bien, soy muy feliz. Acepto la voluntad de Dios. Y además recibo las mejores atenciones médicas y estoy rodeada de cariño y de personas que me quieren, ¿qué más puedo pedir?, solo tengo motivos para dar gracias a Dios".

Esta manera de reaccionar ante una noticia tan grave, no se improvisa. Esa paz, serenidad y fortaleza eran fruto de su confianza en Dios, de aceptar su voluntad, una actitud habitual en su vida. Siempre en las cosas importantes y en las pequeñas y ordinarias de cada día. En lo agradable y en lo "menos apetecible", veía la mano de Dios y amaba lo que Dios quería.

Ya desde pequeña pasó por circunstancias duras. Cuando tenia 12 años, murió su padre en un bombardeo durante la guerra civil española. Como cualquier niña de esa edad, sufrió por la pérdida de su padre, pero nunca estuvo por ello resentida o amargada, o con tristeza interior Sufrió y tenia dolor, pero acompañado de aceptación de la voluntad de Dios.

También llamaba la atención la alegría y el optimismo con que acogía cada nuevo embarazo. "Cada uno, decía, es un regalo de Dios".

En una entrevista le preguntaron:

- Si pudieras duplicar tu familia ¿te sentirías con ánimo para hacerlo?.

- "Si pudiera físicamente, sí me gustaría. Porque cada niño es un nuevo ser, y un hombre es lo mejor de toda la Creación. Es lo más perfecto, lo que resume, en inteligencia y valores, lo mejor de toda la Creación.

Cada vez que tenia un hijo pensaba que aportaba al mundo un nuevo ser, inteligente, capaz de llevar dentro muchos valores de cariño, de comprensión, de unión a otros hombres, de ayuda; que podía servir para ayudar a los demás".

Amparo no se resignaba, amaba la voluntad de Dios; de ahí nacía su paz interior, su alegría, lo que le hizo decir, a una hija suya cuando una-s semanas antes de morir, le preguntó que le parecía la vida: ¡Es una hermosura!

Todos sus hijos recuerdan que desde pequeños, muchas veces, en distintas circunstancias, ante algo que ellos querían o iban a hacer les decía: "Mira, lo primero que sea para mayor gloria de Dios, para cumplir su voluntad. Eso es lo importante y luego viene lo demás".

No se agobiaba ni se enfadaba por las dificultades ya fueran grandes o pequeñas, ni por los contratiempos.

Si alguien le comentaba que no conseguía algo, le contestaba con gracia: "Si no viene, es que no conviene, ó tu esfuérzate, pon todos los medios, pero no te preocupes, si Dios quiere eso saldrá, y si no, es que es mejor así".

Y así, como había hecho durante toda su vida, se enfrentó a su grave enfermedad y a su muerte.

En los dos últimos años, en cierta ocasión charlando con uno de sus hijos le comentó: "últimamente estoy meditando mucho en la Oración en el Huerto. Me ayuda a pensar que a Jesús también le repelía todo el sufrimiento que se le venía encima, y cómo le pedía a su Padre, que si era posible se lo quitara, pero cómo después, aceptaba la voluntad de Dios. Lo mismo me pasa a mi; no me apetece todo lo que me espera, pero luego le digo a Dios, que si Él lo quiere, yo acepto su voluntad, lo que Él quiera, como Él quiera, cuando Él quiera".


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