MI VIDA HA DADO UN GIRO DE 360 GRADOS


Hace aproximadamente dos años, inicié un camino muy difícil en mi vida, pues Jesús Eucaristía transformó mi vida por medio de Amparo: tenía tomada la decisión de cambiar, pero aún me costaba, pensaba que mi vida había sido dura, injusta, llena de desamor por parte de mi familia, de mis padres, me consideraba poco o nada y por lo tanto, podía hacer de mi vida lo que quisiera: bebía y ello te lleva ¡por tantos caminos!: yo decía que lo podía manejar, era una vida paralela que me estaba destruyendo; por otro lado estaba en mi hogar, mis hijos a quienes cuidaba con amor y traté en todo momento que nunca sospecharan nada de lo que a mi me pasaba, pero tenía la decisión tomada, algo dentro de mi se rebelaba contra mi misma. Hago terapia, sé que eso es para siempre, lo acepto pues Dios así lo quiere, pero desde que recibí la visita por televisión de Amparito, mi vida ha dado un giro de 360 grados, me hizo optar por la felicidad, optar por amar a mis semejantes y amar mi pequeña cruz, abrazarla como ella abrazó la suya con amor: ella es la dueña de casa, me he dejado ablandar el corazón con su sonrisa y su mirada limpia como un cielo y le pedí tanto sentir el amor verdadero que en vida ella sintió, ese amor que viene de la misericordia.

Hoy soy una mujer nueva, mi vida tiene un orden total, voy a la iglesia disfruto de la misa, del sacramento de la reconciliación, amo a mis hermanos con amor de Dios; a mi madre la honro y todo lo demás lo tengo por añadidura, llevo una excelente relación con mi ex esposo, lo trato con amor de Dios, mis hijos están bendecidos en sus días, Amparo me ayuda a aconsejarlos y me oyen y nunca me dan un mal trato, son buenos, y la añadidura es esta; nunca tuve una casa, este año el padre de mis hijos ha comprado este departamento en el que vivo “la casa de Amparo en Lima Perú”. Ahora bien les diré que de Amparo ya conocen en Texas. Amparo ya es “la santa del hogar”, de las madres, de las esposas, de las hijas, de las amigas, sigamos llevando a Amparo a todo el mundo. Me pregunto ¿acaso no es un milagro también sanar el alma? Yo lo considero así; si me hubieran dicho hace tres años que yo viviría esto que vivo desde el fondo de mi ser, no lo hubiera creído, jamás.

MYRIAM G.
Lima (Perú), 08.01.09



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